Por Nicolás Franco y Laura Guimpel, Directores de la Comisión de Compliance en la Industria Financiera y Fintech AAEC.
¿Cómo empezar a considerar la “prevención del financiamiento de la proliferación de armas de destrucción masiva”? Es un interrogante que viene surgiendo cada vez más en los oficiales de cumplimiento y equipos que deben abordar estos temas en el marco de su función de prevención de lavado de activos y financiamiento del terrorismo. Estas 2 nuevas letras “FP” nos abren todo un mundo adicional, que deberemos ir considerando.
Y en este sentido, cuando aún nos estamos adecuando a procesos y modalidades para la prevención del financiamiento del terrorismo vemos la interrelación que tienen ambos temas.
Así es como en el marco del encuentro denominado “Financiamiento del Terrorismo, como prevenirlo entre todos”, que llevamos adelante en el mes de Mayo junto con el Consejo Profesional de Ciencias Económicas de CABA, surgió un tema novedoso para Argentina y la región, que generó un gran impacto en la audiencia: los “Bienes de uso doble”, o “Bienes de Uso Dual”, como se conoce en la jerga, que están teniendo un impacto sustancial en la Proliferación de Armas de Destrucción Masiva.
La financiación de la proliferación de armas de destrucción masiva se refiere a proveer los fondos o facilitar la fabricación, adquisición, posesión, desarrollo, exportación, fraccionamiento, transporte, transferencia, depósito o uso de armas nucleares, químicas o biológicas, así como sus medios de lanzamiento y otros materiales relacionados. Y al hablar de materiales relacionados, indefectiblemente debemos hablar de los “Bienes de Uso Dual”.
¿Qué son los Bienes de uso dual y por qué toman especial preponderancia?
Por “Bienes de Doble Uso” o “de Uso Dual” se entiende a cualquier material capaz de ser utilizado tanto con propósitos civiles como militares.
El aumento del régimen de sanciones y los controles a las exportaciones llevó a que muchas organizaciones encuentren en bienes de uso doméstico la opción de extraer ciertas piezas para la construcción de armas de destrucción masiva -ya sea biológicas, nucleares o químicas- lo cual complejiza aún más las estrategias de prevención.
Si pensamos que piezas de un electrodoméstico como un resonador, una laptop, o incluso hasta la famosa Alexa, contienen partes que pueden ser utilizadas con estos propósitos, o que un producto químico como un fertilizante, pueda tener componentes clave para elaborar un explosivo, nos permitirá dimensionar la complejidad que conlleva el tema.
A finales de 2023, el Departamento de Justicia de EE.UU. anunció la detención de cuatro personas y cargos contra varios ciudadanos rusos por estar implicados en una maniobra para eludir las sanciones y transferir ilegalmente a Rusia tecnología estadounidense avanzada de doble uso destinada a la elaboración de armas nucleares. Esto implica una gran complejidad técnica, ya que puede ser difícil determinar si un producto o servicio está categorizado como un bien de uso dual.
Muchos países o regiones tienen normativas especiales que se aplican a la exportación, la importación y el transporte de bienes de doble uso. Estos productos pueden incluir tecnología y componentes que podrían utilizarse tanto para fines pacíficos como para la fabricación de armas u otros dispositivos nucleares explosivos. Resulta importante regular y controlar estos bienes para prevenir su desvío hacia usos no deseados o peligrosos.
Para determinar qué productos son productos controlados de doble uso, las organizaciones deberían considerar verificar, al menos en las listas oficiales proporcionadas por agencias reguladoras como la Oficina de Industria y Seguridad (BIS) de los Estados Unidos, el Reglamento de Doble Uso de la Unión Europea y la Unidad Conjunta de Control de Exportaciones del Reino Unido. En estas listas se describen los artículos y tecnologías que se consideran de doble uso y que están sujetos a controles y sanciones a la exportación.
Más allá de estas listas puntuales, la clave sigue siendo el establecimiento de un sistema de prevención robusto, con un enfoque basado en riesgo donde se parta de conocer profundamente al cliente y sobre todo entender su propósito transaccional. Si tuvieran operaciones con entidades o países sancionados, el nivel de riesgo y complejidad aumenta y los procesos de debida diligencia deberán ser ajustados y enfocados al tipo de cliente y negocio en cuestión.
Para concluir, resulta importante dejar un mensaje de concientización para todos nosotros.
El nivel de complejidad que tiene la prevención de la financiación al terrorismo y la proliferación de armas de destrucción masiva es cada día mayor y cambia constantemente. No perdamos de vista que hablamos de organizaciones con una estructura, capacidad y presupuesto muy superior al de las organizaciones que luchan por prevenir este flagelo.
Por eso el rol del Sistema Financiero es clave para reducir el nivel de riesgo, un riesgo que pone en jaque -como lamentablemente ya hemos visto- a todo el planeta.
Comprender el tema es el primer paso.
Si te interesó el tema aquí encontrarás la charla completa de Nicolás Franco. A continuación verás la jornada completa.

























