Por Carlos Rozen (Socio de BDO en Argentina y Director de la Certificación Internacional en Ética y Compliance AAEC-UCEMA-IFCA).
La reciente y sorpresiva decisión de la administración Trump de suspender la Ley de Prácticas Corruptas en el Extranjero (FCPA) ha descolocado y llenado de incertidumbre a muchos expertos a nivel internacional.
La novedad, no solo ha sacudido las estructuras del contexto y cultura empresarial estadounidense, sino que ha enviado señales algo confusas a los mercados internacionales, especialmente en regiones con elevados índices de corrupción como América Latina, donde la lucha contra este flagelo sigue siendo un complejo desafío.
Básicamente, y bajo el argumento que “la FCPA es excesiva y perjudica los intereses de los EEUU”, se instruyó al Departamento de Justicia de los EE.UU. (DOJ) a suspender temporalmente la aplicación de la ley, y ordenó una revisión de sus directrices.
¿Qué significa todo esto? En primer lugar, que, durante un período determinado, el DOJ detendría la apertura de nuevas investigaciones y revisaría las acciones en curso relacionadas con la FCPA. Pero, además, y bajo el argumento de «promover la competitividad de los Estados Unidos» podrían aprobarse en este período de transición nuevas directrices que, de acuerdo con el espíritu de la medida y la opinión de muchos expertos, suavizarían la aplicación de la ley y las penas respectivas en las empresas estadounidenses. Sin embargo, mucho de esto aún está por verse.
Una mirada desde la perspectiva de las empresas estadounidenses
Si alguien está pensando que, para las empresas de los EE.UU. que operan en Argentina y otros países latinoamericanos se abre una ventana para hacer más negocios con menores recaudos, permítanme ponerlo en tela de juicio. La suspensión de la FCPA presenta un escenario por demás extraño. Es verdad que, por un lado, la medida podría interpretarse como una relajación de las restricciones anticorrupción, lo que potencialmente reduciría los costos de cumplimiento y aumentaría su competitividad a corto plazo. Sin embargo, esta aparente ventaja podría traer grandes dolores de cabeza en el largo plazo.
¿Qué hay de la reputación de las empresas estadounidenses? Pensémoslo de la siguiente manera. No caben dudas que los Estados Unidos ha retrocedido sobre sus pasos en su compromiso en la lucha contra la corrupción. Y esto podría dañar la imagen de las empresas estadounidenses en el extranjero, lo que dificultaría la atracción de inversiones y la conformación de alianzas comerciales (esto último muy común en industrias relacionadas con la explotación de recursos naturales). Además, en la parte más dura de la mitigación de riesgos, la falta de controles internos sólidos podría exponer a estas empresas a investigaciones y sanciones en otras jurisdicciones con leyes anticorrupción más estrictas, como en el Reino Unido.
¿La pelota ahora está del lado de Europa?
Las empresas europeas que operan en la región de América Latina se encuentran ante un complicado dilema. Por un lado, no están directamente sujetas a la FCPA; sin embargo, deben navegar por un entorno organizacional donde la corrupción puede ser más frecuente. Aquellas empresas europeas que se adhieren a altos estándares éticos y de cumplimiento podrían obtener una ventaja competitiva al diferenciarse de sus análogas estadounidenses. Sin embargo, también podrían enfrentar desafíos al competir con empresas que adoptan prácticas comerciales con menores barreras de tolerancia al riego y estándares éticos más bajos.
La suspensión de la FCPA podría crear un campo de juego poco simétrico, donde las empresas que priorizan “lo correcto por sobre lo conveniente” se ven perjudicadas. Si esto fuera así, podría impactar de manera grave sobre el nivel de inversión extranjera por parte de empresas europeas en América Latina, lo que tendría un impacto negativo en el desarrollo económico de la región.
Argentina entre la atracción de inversiones y la lucha contra la corrupción
En el contexto argentino, la suspensión de la FCPA plantea un conjunto de escenarios de incertidumbre. Uno podría consistir en un incremento de inversiones provenientes de los EE.UU., que perciban oportunidades presentándose “con un ojo bien abierto y otro tapado”.
Esto redundaría en mayor crecimiento económico y la creación de empleo.
Desde otro ángulo, si el gobierno tuviera firmes intenciones de atacar el soborno y la corrupción entre empresas y el sector público, deberá tener una actitud enérgica marcando el tono, lo que equivale a enviar una señal clara de que no tolerará la corrupción. Dicho de otra forma, debería comunicar que mantendrá su compromiso con los estándares internacionales anticorrupción. Pero ¿lo haría? Las recientes muestras de alineación férrea del gobierno argentino con el de los EE.UU. hacen dudar a los expertos respecto de si no se terminará pateando hacia un arco diferente.
Síntesis de la situación
Como estamos viendo, no es sencillo proyectar cómo quedará el estado de cumplimiento en la región latinoamericana. El siguiente esquema podría resultar de utilidad para pensar cómo podrían desarrollarse algunas variables al mismo tiempo. Previamente aclarar que estas conclusiones preliminares se exponen al solo efecto de que el lector pueda realizar distintas simulaciones del tipo “what if”:
| Actores | Impacto Principal de la Suspensión de la FCPA |
| Empresas de EE.UU. | Laxitud en requisitos regulatorios anticorrupción y respectivo enforcement. Posible pérdida de referencia ética, aumento del riesgo reputacional y legal. |
| Filiales en Latam | Riesgo de caer en prácticas corruptas para competir por no contar con las adecuadas líneas de defensa o haber relajado las mismas. |
| Empresas de Europa | Oportunidad de posicionamiento ético respecto de sus competidoras norteamericanas. Preferencia de sus clientes que valoran la integridad (inclusive licitaciones de gobiernos con prácticas más sólidas anticorrupción). Pero posible pérdida de mercado en general. |
| Gobiernos latinoamericanos | Menor presión externa, posible relajamiento en enforcement. |
La reacción del mundo ante la medida de los EE.UU.
La suspensión de la aplicación de la FCPA generó diversas reacciones y críticas a nivel internacional, en su mayoría negativas.
La OCDE, que promueve la lucha contra el soborno internacional, expresó preocupación por la posible erosión de los estándares anticorrupción a nivel global. Advirtió sobre el riesgo de que otros países, emulando estas medidas, relajen sus propios esfuerzos en la lucha contra la corrupción, creando un «efecto dominó» negativo.
Respecto de la Unión Europea, distintos países expresaron su desacuerdo y preocupación. Varios gobiernos europeos, como los del Reino Unido, Francia y Suiza, emitieron comunicados de prensa reafirmando su compromiso con la lucha contra la corrupción, y destacando la importancia de la integridad en las transacciones comerciales internacionales y la necesidad de evitar un debilitamiento de los estándares globales. Se destacó la importancia de la cooperación internacional en la lucha contra la corrupción, independientemente de las decisiones coyunturales de Estados Unidos.
Reacciones del Sector Empresarial
De las conversaciones con diversos responsables de compliance tanto en Argentina como en otros países de la Región, pudimos percibir que algunas empresas europeas reafirmaron internamente su compromiso con altos estándares éticos y de cumplimiento, reconociendo los riesgos reputacionales de la corrupción. Incluso hay empresas que están evaluando emitir algún comunicado al mercado con una clara intención de diferenciación.
La preocupación más grande de en estas empresas es mantener la confianza de los inversores y socios comerciales, independientemente de los cambios en la aplicación de la FCPA.
Respecto de profesionales actuando en empresas estadounidenses, se ha percibido mayor incertidumbre y necesidad de ver “cómo las sandías se acomodan en el camino” (frase textual de uno de ellos). En algunos casos expresando alivio por la posible reducción de la carga regulatoria y otras manifestando preocupación por los riesgos reputacionales y potencial pérdida de mercado con clientes más exigentes. En la mayoría de los casos empresas norteamericanas con sedes en Latinoamérica, validaron con sus casas matrices que seguirían con sus políticas anticorrupción, no solo por definición comercial, sino porque estas son parte de sus valores corporativos.
Un Momento Decisivo para la lucha anticorrupción
Si bien la administración Trump expone argumentos tales como “que la medida busca proteger la competitividad de las empresas estadounidenses”, sus detractores argumentan que se trata de una medida desafortunada que podría tener consecuencias negativas para la integridad a nivel internacional y la lucha contra la corrupción.
La comunidad internacional no puede responder a esta decisión con un frente desintegrado. Los países deben trabajar juntos para fortalecer las leyes y regulaciones anticorrupción, promover la transparencia y la rendición de cuentas, y apoyar a la sociedad civil más esclarecida en su lucha contra la corrupción. Solo a través de la cooperación internacional podemos crear un mundo donde la corrupción no tenga cabida.
¿Qué la cancha ahora está inclinada hacia el norte del continente? Eso está por verse.
Me atrevo a afirmar que la suspensión de la FCPA podría convertirse en una inesperada oportunidad habilitadora para la innovación en la lucha contra la corrupción. Se trata de una oportunidad inédita para explorar nuevas tecnologías, enfoques y metodologías para promover la transparencia en los negocios y lograr que la integridad sea el pilar fundamental de las prácticas empresariales.

























